Escribía el poeta castellano que "la cuna del hombre la mecen con cuentos", como si con su poema visionario de pasado-futuro nos alertara de ese peligro existencial. Pertenezco a una generación acunada por el cuento que la dictadura franquista quiso imprimir en el ideario colectivo de un país amputado. Costó mucho modificar sobre el papel aquellos renglones torcidos escritos con el dolor y la sangre de los enmudecidos. Tanto que, cinco décadas después de que la democracia volviera, ese relato sigue en el subconsciente de buena parte del colectivo. Porque la sangrienta depuración echó raíces durante cuarenta años, porque, durante cincuenta años de democracia, no han sido arrancadas definitivamente.... El caso es que, en este comienzo atroz de siglo, la calavera de ese relato se nos aparece con una fuerza impredecible. Una calavera sutil que ha cogido el atuendo de la equidistancia para tapar sus horrores.
Escribo esto, al hilo de la organización de unas jornadas sobre la Guerra Civil española que llevan por título "La Guerra que todos perdimos", un título tramposo que esconde todo el veneno que el dictador pudo inocular durante esas cuatro décadas de amputación física e intelectual. Si los organizadores de las jornadas tenían como objetivo reunir durante unos días en una mesa distintas ópticas sobre el hecho histórico, algo muy loable y necesario todavía en este país tan desmemoriado y, sobre todo, tan enemigo de recuperar la memoria, el título elegido considero que no es el más adecuado.
El título levanta ampollas, porque esa equidistancia tapa dos hechos históricos, por una parte, el golpe de estado militar que acabó con un gobierno democráticamente constituido y, por otra, una sangrienta dictadura que duró cuatro décadas, de cuyas consecuencias todavía no nos hemos librado. Que, en una potencial guerra, perdemos todos es evidente, pero que la Guerra Civil la perdiéramos todos es una falacia, tal vez malintencionada. Como ha dicho el escritor David Uclés, la guerra la sufrieron todos, pero sólo la perdieron unos.
Preparémosnos en los tiempos venideros para revivir el viejo relato fascista, la visión tuerta de los "nuevos Queipos de Llano", revestida con el traje de una equidistancia que acabará por implantar una amnesia dañina que, si no se le pone remedio, matará esta democracia imperfecta e incipiente, pero democracia. La versión 2.0 de la Enciclopedia Álvarez no tendrá tapa dura, pulula ya por las redes con rostro de mármol y hielo en las venas.
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