CRISPADORES IMPUNES
A la gente se le hace raro ver de buen rollo a Rufián y Semper, como en su día se le hizo raro ver compartiendo risas a Iglesias y Espinosa de los Monteros, porque la representación de la disputa política es tan agria y beligerante que genera la impresión de que se odian. Yo no pondría el foco en que la gente se extrañe, o se irrite, sino en este ambiente de crispación, que deja al personal cabreado como una mona, hasta el punto de retirarle la palabra a amigos y familiares, y luego –claro– espera el mismo cabreo en los protagonistas de la función. La política tiene una dimensión teatral, de representación, como tan bien explican Innerarity y Xavier Coller. Los partidos han elegido el género del drama y es en parte normal que a muchos les resulte extraño que, cuando acaban la jornada, los actores se cambien de vestuario y compadréen risueños.
En resumen, que hay que tomar distancia y desdramatizar, y aprovechar estos vídeos para entender que no es para tanto.
(dejo al margen de esta turra no solicitada el hecho de que no todos contribuyen por igual al drama)
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